domingo, 9 de marzo de 2008

El amor, un laberinto.

"En nuestro mundo el amor es una experiencia casi inaccesible." Vaya sentencia lapidaria, y es sólo el Apéndice de su más famoso ensayo sobre el mexicano. "Todo se opone a él..." -continúa el nobel en El laberinto de la soledad "...moral, clases, leyes, razas y los mismos enamorados. La mujer siempre ha sido para el hombre ´lo otro´, su contrario y complemento. Si una parte de nuestro ser anhela fundirse a ella, otra, no menos imperiosamente, la aparta y excluye. La mujer es un objeto, alternativamente precioso o nocivo, mas siempre diferente. Al convertirla en objeto, en ser aparte, y al someterla a todas las deformaciones que su interés, su vanidad, su angustia y su mismo amor le dictan, el hombre la convierte en instrumento." La sociedad fomenta las formas morales, porque segun los entendidos, son la mejor manera en la que el individuo se desarrolla. Sin embargo desconocemos otra forma de crecimiento del hombre, en la cuál la persona pueda elegir de manera libre, ya que la libertad se desea para el amor. Hoy como en 1950 cuando Octavio Paz publicó esta obra, el amor sigue señido a normas en las cuales es casi siempre imposible que se desenvuelva libremente, y por lo tanto, busca salida por vía marginadas. Para terminar reflexionando sobre la mujer, a pocas horas de haberse celebrado su día, dejo al maestro: "La mujer vive presa en la imagen que la sociedad masculina le impone; por lo tanto, solo puede elegir rompiendo consigo misma... el amor hace otra a la mujer, pues si se atreve a amar, a elegir, si se atreve a ser ella misma, debe romper esa imagen con que el mundo encarcela su ser."

domingo, 27 de enero de 2008

Ojalá que no puedas...

ojalá que no puedas hacerle el amor/ ojalá que no puedas/ ojalá que no puedas hacer que tu piel sea gigante de sueños/ que se muera de ganas/ que no tenga consuelo/ que le sangren las manos si acaricia tu piel...
Vicente Humberto Castanga

jueves, 10 de enero de 2008

Recuerde...

Recuerde el día aquel
en que fuimos a las luchas
la tarde aquella en que podía rozarle
en que podía de cerca sentirle
próximo, inminente.

Acuérdese de esa sed vespertina
de esas miradas azules y cursis
de las conversaciones sin sentido
de La Parka destrozando al rival
de las sillas volando por lo alto del recinto.
Recuerde como podía tocarlo
como podía fácilmente y sin contratiempo
sin vergüenza, sin impedimento alguno
columpiarme en sus palabras
deslizarme entera en usted
mientras, fácilmente
con la otra mano, tomaba el vaso de cerveza.

Lentamente todo
como el tiempo cuando es permitido
sin codicia
sin medida
sin un: “es que tengo que…”
sin explicaciones
con lo único que nos quedaba,
con aquello que hacíamos tan bien
con querernos.

sábado, 5 de enero de 2008

Año nuevo

Hoy más que nunca
quizá lo único que hay que aprender
es que nada es para siempre.