"En nuestro mundo el amor es una experiencia casi inaccesible." Vaya sentencia lapidaria, y es sólo el Apéndice de su más famoso ensayo sobre el mexicano. "Todo se opone a él..." -continúa el nobel en El laberinto de la soledad "...moral, clases, leyes, razas y los mismos enamorados. La mujer siempre ha sido para el hombre ´lo otro´, su contrario y complemento. Si una parte de nuestro ser anhela fundirse a ella, otra, no menos imperiosamente, la aparta y excluye. La mujer es un objeto, alternativamente precioso o nocivo, mas siempre diferente. Al convertirla en objeto, en ser aparte, y al someterla a todas las deformaciones que su interés, su vanidad, su angustia y su mismo amor le dictan, el hombre la convierte en instrumento." La sociedad fomenta las formas morales, porque segun los entendidos, son la mejor manera en la que el individuo se desarrolla. Sin embargo desconocemos otra forma de crecimiento del hombre, en la cuál la persona pueda elegir de manera libre, ya que la libertad se desea para el amor. Hoy como en 1950 cuando Octavio Paz publicó esta obra, el amor sigue señido a normas en las cuales es casi siempre imposible que se desenvuelva libremente, y por lo tanto, busca salida por vía marginadas. Para terminar reflexionando sobre la mujer, a pocas horas de haberse celebrado su día, dejo al maestro: "La mujer vive presa en la imagen que la sociedad masculina le impone; por lo tanto, solo puede elegir rompiendo consigo misma... el amor hace otra a la mujer, pues si se atreve a amar, a elegir, si se atreve a ser ella misma, debe romper esa imagen con que el mundo encarcela su ser."
Imposible no recordar las palabras de Gabriel García Márquez quien decía que es increíble como alguien puede dar la vida entera, puede pasar hambre, frío, con tal de escribir, algo que no alimenta, ni viste, y que, viéndolo bien no sirve para nada. Tal vez algunos escriban por neurosis, por el deseo de cambiar este mundo, de acomodar la realidad. Tal vez simplemente existe como decía Platón, el mundo de las ideas ahí, en algún lugar, gobernando desde sus aposentos, los destinos de los hombres, sus pensamientos y sobretodo, para los fines del presente texto, ordenando nuestras palabras, acomodándolas en un sitio que nada tiene que ver con lo azaroso, o con la experiencia del autor o con todas esas patrañas que nos hacen pensar que somos los que escribimos el texto, que somos capaces incluso de meternos en medio de la conversación de los personajes, para, según nosotros, transgredir la historia. Del cuarto texto del libro “Lo peor de ambos mundos, relatos anfibios” titulado “Un cuerpo co...
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